
Es uno de los libros más explícitamente críticos de Nugent respecto de la sociología convencional. El autor propone un “antimanual” porque considera necesario replantear las categorías con las que se ha estudiado la sociedad peruana. La desigualdad no aparece solamente como una diferencia económica: se reproduce en los gestos, las costumbres, las formas de autoridad, las relaciones cotidianas y los modos de imaginar al otro.
El libro plantea preguntas provocadoras sobre individualidad, egoísmo, libertad de expresión, nuevas clases medias y autoridad. Uno de sus aportes más interesantes es reivindicar el ingenio como una dimensión de la vida social peruana y como una posible vía para pensar una sociología menos rígida y más atenta a la novedad.
Idea clave: para comprender la desigualdad peruana hay que estudiar también sus formas cotidianas, simbólicas y afectivas, y no reducirla a indicadores estructurales.
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