Este texto apareció en la revista Hueso Húmero n.° 69 (2018). Es una invitación para acercarse a la lectura de un pensador imprescindible. Aunque más conocido por su «Ética. Demostrada de modo geométrico», una obra póstuma, el «Tratado Teológico-Político»(1670) publicado de forma anónima es la primera gran defensa de la democracia política en la modernidad.
En nuestra cultura la intolerancia por lo general no aparece como una prohibición de doctrinas en un sentido expreso como en tratar los procesos de pensamiento como si fueran ceremonias.. De ahí la pobreza de nuestros debates públicos, donde importa más formar parte de un ceremonial que atender a una confrontación de argumentos. Un estado de cosas que implica distancias insalvables entre los pensamientos privados, alimentados a partir de las experiencias cotidianas, y los discursos públicos. Una gran infelicidad, en suma.
Aquí trato de tipificar lo que considero el principal obstáculo para pensar libremente en nuestro mundo público, el ‘pensamiento ceremonial’.
¿Por qué está apurado Spinoza?
El pensamiento ceremonial como forma de intolerancia
Guillermo Nugent
Esta fue ,pues, la finalidad de las ceremonias: que los hombres no hiciesen nada por decisión propia, sino que todo lo llevaran a cabo por orden ajena, y que mediante acciones y meditaciones continuas reconociesen que no eran, en absoluto, dueños de sí, sino totalmente dependientes de otra persona. Spinoza: Tratado Teológico-Político (cap V)
Me gustan, hermanos, las ceremonias honradas, no las fantochadas del carajo. Las ceremonias no ceremoniosas sino palpitación. J.M. Arguedas. El zorro de arriba y el zorro de abajo
Spinoza (1632-1677) es un autor fundamental para la defensa de la libertad de pensamiento y de expresión. Es el autor del más vigoroso alegato por una democracia radical en la modernidad, el Tratado Teológico-Político, y naturalmente de la tolerancia. La necesidad, el desafío que enfrentó Spinoza fue el de argumentar por un régimen de gobierno que por entonces era de una novedad amenazante para muchos, la democracia política. Mostrar cómo el consentimiento era fundamental para la legitimidad del nuevo orden implicaba entender las enseñanzas religiosas de una manera muy diferente a las imposiciones que entonces eran dominantes.
En la actualidad los retos que hacen reflexionar sobre un texto como el Tratado Teológico-Político son distintos, aunque la continuidad de las demandas ahí planteadas permanecen.
La importancia de la libertad de pensamiento ha tenido dos vertientes diferenciadas pero no necesariamente opuestas, la conocida como libertad negativa, es decir la de no prohibir opiniones o ideas en el escenario público. La segunda, que adquiere cada vez más visibilidad tiene que ver con una creciente aspiración a la creatividad.
Cuesta trabajo creer que esta palabra -de uso y mal uso tan corrientes hoy, es relativamente reciente. Fue incorporada al diccionario de la RAE en 1984, poco más de treinta años, y el vocablo equivalente en inglés, se incluye en los diccionarios en los años sesenta.
Estamos, además, en una época donde la confrontación entre invención y destrucción marca el horizonte de los acontecimientos que nos constituyen. Lo hemos conocido crudamente en las décadas recientes de la nuestra historia colectiva como país: tanto la transformación creadora que implica, , el gran ciclo de las migraciones internas de la segunda mitad del siglo XX, como los métodos terroristas aplicados en la escena política, en el fin de siglo XX, y de manera especialmente cruda en los años ochenta.
Para mí tal vez, ha sido más una dificultad que una ventaja la imposibilidad de acercarme un texto, literario o filosófico, sin preguntarme en qué me ayuda a entender lo que sucede en mi derredor más cercano. Esa ayuda muy rara vez la he conocido en términos de una solución a un problema, pero sí me ha servido para modificar, reduciendo o ampliando, los términos de un problema o de una pregunta.
Una verdad elemental: a más imprenta menos ceremonia
La tolerancia surge como reacción y alternativa tanto a las guerras religiosas en Europa a continuación de la Reforma de Lutero (1517) como a soluciones ‘prácticas’ plasmadas en el cuius regio, eius religio,que podría entenderse como ‘tu religión es la de tu rey’.
Las ideas, o lo que ahora entendemos por tales, tuvieron una extraordinaria difusión a raíz de la invención de la imprenta. La primera consecuencia de este invento fue la traducción de la Biblia a las lenguas locales, porque existía la tecnología que lo hacía factible a escala masiva.
El siguiente paso fue la difusión, igualmente masiva, de todo tipo de textos, incluyendo obras que podían cuestionar las verdades religiosa; algo que en la actualidad, equivaldría a cuestionar los fundamentos del mundo real. En sentido estricto en la Cristiandad de comienzos de la edad moderna no existía ‘la religión’ sino esa dimensión que hacía que la realidad fuera real, por así decir.
A partir de la Reforma, lo que hubo como rasgo irreversible fue un proceso que algo apresuradamente podría llamarse ‘interiorización de las normas’. Más apropiado sería describirlo como el proceso por el cual las normas no se pueden entender al margen de la biografía individual. Una posible traducción del sacerdocio universal de Lutero fue la ciudadanía universal. En ese nuevo escenario se terminó por legitimar, a veces de manera creativa, otras de manera torpe, una legitimación de las ‘ideas’ que por el simple hecho de ser varias tenían que ser distintas. El ´principio de la diversidad’. Esta afirmación suena trivial a primera vista, porque la asumimos sin detenernos a pensar el presupuesto tecnológico que permitió la divulgación: la imprenta y su extensión, la alfabetización. Cuando se habla de tolerancia de ideas se asume en consecuencia que hay varias, que son leídas, que son discutidas, y todo ello porque el comienzo del encadenamiento es la imprenta y el papel. Una extensión de esto es la difusión y legitimidad de las bibliotecas públicas, aparte de los sistemas escolares de los estados nacionales.
¿Cómo se difundían las creencias y las opiniones antes de la imprenta? Aparte de la comunicación oral, el recurso masivo para la regulación de creencias e ideas eran las ceremonias. Eran los momentos donde se definían la realidad y los sentimientos que debían acompañarla de la manera correcta. Dicho de una manera muy escueta: a más imprenta menos ceremonia.
El sentido de la tolerancia: la crítica del pensamiento ceremonial
Una condición contemporánea de la vida pública peruana es la desgastante contraposición de ser muy ceremonial y a la vez muy informal. Este, me parece, es el escenario apropiado para plantearse el problema de lo que en otros lugares se llama la cuestión de la tolerancia. Ni las ceremonias bastan para dar consistencia a las instituciones, ni la informalidad produce una satisfacción de largo plazo.
Es llamativa la desproporción que existe en toda la atención dada a la economía llamada informal y la muy escasa atención a la calidad de las ceremonias públicas que tenemos. En cierto sentido hay una retroalimentación entre ambos polos. La consecuencia es que las normas cotidianas son tratadas como si fueran ideas debatibles; y las ideas, pues tan necesarias no son porque para eso está la obediencia.
En ese estado de cosas nos encontramos: lo que debe ser obedecido, las normas básicas de convivencia , son materia debatible, a merced de la ocurrencia espontánea podría decirse, y el lugar de los debates es asumido en términos de obediencia y desobediencia. Probablemente es una situación que viene desde hace unas décadas, no demasiadas tampoco: en los tiempos de la servidumbre, del gamonalismo pleno, todo estaba integrado en la obediencia a las jerarquías. Una obediencia con muy poco consentimiento, como es obvio.
El desafío, entonces, consiste en impulsar un proceso con dos caras. Por una parte, hacer de las normas establecidas democráticamente espacios de consentimiento y obediencia: la sola existencia de la economía informal muestra lo lejos que estamos. La otra parte del desafío es hacer de las ideas y opiniones un lugar para la tensión de las divergencias cuidadosamente argumentadas y también para la contemplación protectora del ingenio. A esa situación sería bueno que pudiéramos llegar como colectividad. Una manera de recuperar el sentido del futuro y de los proyectos. Este es, me parece, el sentido y pertinencia que tiene para nosotros ocuparnos de la tolerancia.
La ceremonia como atmósfera
La elaboración de ideas, la anticipación de cursos de acción, sean en el terreno de la investigación científica, tecnológica como en la creación de nuevos vocabularios para la comunicación y la imaginación está, fuertemente lastrada por la atmósfera ceremonial. Con ello quiero decir que las restricciones o prohibiciones para pensar y expresarse no se organizan a partir de una oposición entre las ideas falsas y la idea verdadera. No me parece que las aflicciones para la libertad de pensar e investigar que padecemos tengan su raíz en la búsqueda de algún tipo de pureza doctrinal. Dicho de otro modo, en la vida pública actual no se ejerce la censura en nombre de alguna verdad que debe ser protegida salvo en situaciones excepcionales.
La atmósfera ceremonial significa que cualquier idea, planteamiento, doctrina debe ser elaborado al modo ceremonial: un cierto tipo que podríamos llamar de ‘unanimidad implícita’ es el punto de partida de cualquier discusión. La misma unanimidad de gestos que rigen los momentos ceremoniales. La gracia consiste, entonces, en desplegar distintas novedades académicas, políticas, culturales en un sentido amplio dentro de esta unanimidad implícita. En un marco de estas características cualquier debate propiamente dicho tiende a ser evitado cuando no explícitamente rechazado. Lo que debe prevalecer es aquella unanimidad implícita.
¿Se trata propiamente de una cuestión de intolerancia a las ideas? Pienso que ahí no está el centro del problema. Pues en sentido estricto no es una idea considerada verdadera la que está bajo amenaza. Propiamente no hay herejes y tampoco hay mucha doctrina de la cual renegar.. Lo que importa es que los grupos se mantengan juntos, con sus correspondientes jerarquías. Mantenerse juntos es sobre todo decir y pensar las cosas en el mismo tono. No queda espacio ´para la diferenciación individual. De ahí que los acuerdos se puedan romper con relativa facilidad porque nadie se siente individualmente comprometido. ¿En nombre de qué? Eso ya es un asunto secundario. Es importante, sí, pero en segundo lugar. ¿Vivimos en una cultura pública donde importen las doctrinas políticas? ¿Hay escuelas de pensamiento dignas de ese nombre en el mundo universitario? ¿Hay una urgencia de crear una cultura propia?
Vivimos acaso en una realidad mucho más inquieta y apremiante que la generación del Centenario o los indigenistas, y sin embargo, aparte de la poesía, no hay la ebullición de interpretaciones a la altura de las demandas, en cuestiones de medio ambiente y de género, por mencionar un par de escenarios apremiantes. Hay muchísima más información disponible sobre el Perú que hace un siglo pero queda insatisfecha la necesidad de entendernos. Lo que se ha ganado en sensibilidad artística queda por recorrer en el trabajo de la reflexión.Poseemos estilos propios de hacer las cosas, pero todavía es extremadamente difícil encontrar un vocabulario que permita reconocer la diversidad de los motivos que acompañan a las acciones. Por eso los desacuerdos apelan a las descalificaciones antes que a las refutaciones y no existe acuerdo sin alabanza mediante. La incondicionalidad bloquea cualquier norma del pensamiento. La reflexión es también una manera de sustraer del instante una potencial idea. Elo meme, el icono son puntos de partida, un anuncio antes que una llegada o una meta.
No todos los momentos ceremoniales son rígidos y al servicio de reforzar la pertenencia comunitaria mediante la obediencia. En el mundo de las ceremonia hay una especie de ecología entre obediencia y catarsis, de liberación de lo que ha estado contenido el resto del tiempo, usualmente son los carnavales quienes mejor encarnan estos pero al interior de las propias fiestas patronales se puede apreciar la alternancia de estos dos momentos, el de la obediencia ritual y la parte de la celebración que suelen ir juntas.
En el mundo que describo, el de la atmósfera ceremonial , sin embargo, para las ideas no hay fiesta, y en sentido estricto tampoco devoción, simplemente hacer lo necesario para no quedar fuera del marco. Se trata de mantener una obediencia que no tiene porqué asimilarse a la rigidez castrense pero sí lo suficiente para no desentonar. Como todos se esfuerzan en lo mismo el resultado es una monotonía de la reflexión , un calculado conformismo con los conceptos de segunda mano, y una afición desmesurada por el lugar común.
Llama la atención el estado de las ideas y la elaboración de pensamientos descritos si lo ponemos en contraste con la abundancia de novedades en la vida cotidiana, en el reconocimiento y creación de una música popular propia, de un reconocimiento de la importancia de los sentidos a través de la gastronomía. Es como si dijéramos que nos hemos podidos sentar a la mesa pero creyendo que no hay mucho de qué conversar, ni en la política ni en las ideas e investigaciones.
¿Cómo salir de la atmósfera ceremonial de las ideas? Que las ceremonias cumplan la función de reconocimiento de un espacio público y democrático. Una de las razones de ser las ceremonias, su fuerza y legitimidad, consiste en la repetición, ya sea como parte de actos de la memoria colectiva, pero también su eficacia consiste en una delimitación de un momento y un sitio determinados . La atmósfera ceremonial, en cambio, permea las diferentes áreas de creación cultural y las reduce a ‘pensamientos ceremoniosos’. El gesto vacío, cada vez con menos consistencia, pero eso es lo que pretende el pensamiento ceremonial.
Sería un error identificar el pensamiento ceremonial con un estilo anticuado, algo como de otra época. Tal vez en algunos casos sea más visible de esa forma pero esta poderosa traba a la libertad de pensamiento no tiene que ver con estar a la moda o fuera de la misma. Es simplemente la primacía de la obediencia. Estar todos muy juntos, ya sea en una formación militar o, más frecuentemente, pegados unos a otros como los granos de un choclo, con poco espacio para la individuación. Así la función anticipatoria inherente a toda creación y en cualquier campo se ve muy restringida. Nuestras dificultades no surgen del ensimismamiento como protección y donde el apego escasea. Más bien se trata de estar en el escenario de la mente como personaje antes que como integrante del coro. Esa es todavía una tarea pendiente. No me parece que entre nosotros las formas de apego estén en riesgo y que sean la principal amenaza para el bienestar en todos sus niveles. Como grupo tenemos varias formas de reconocimiento. Pero reconocer a la otra o al otro como personaje solo es posible si a su vez tomamos distancia de nuestros propios coros.
En la Escuela: el ritual antes que la curiosidad.
En el campo pedagógico son previsibles las consecuencias que trae un orden de cosas como el descrito. Somos educados en los rituales antes que en cultivar la curiosidad. La capacidad de ordenar la realidad, nos enseñan, reside en los rituales antes que en los conocimientos. En distinta medida, pero siempre en una posición medular, el conocimiento toma un lugar como parte de la ceremonia: todos tenemos que estar juntos, bien apretados al modo de un choclito, y en lo mismo. Es secundario cuál fuere el contenido. Digo bien secundario, que no indiferente, lo que importa es marchar al mismo tono, como si hubiera un sentido muy primario, no muy elaborado de la armonía.
En todo este proceso, el estado como espacio del ejercicio político ocupa un lugar central. La relación entre conocimiento y poder, ha carecido de importancia crítica. Un estado con un sentido de autonomía requiere de un espacio para crear su propio conocimiento.
Aquí es donde importa hacer otra precisión en la comparación con el razonamiento spinoziano. Los Países Bajos en el siglo XVII eran una realidad política nueva: todavía ocurrían enfrentamientos constantes con España, con Inglaterra o Francia y la propia unidad de las provincias que integraban los Países Bajos no se ponía de acuerdo sobre cuál era la mejor manera de gobernarse.
En el Perú, en las últimas décadas hay una conciencia creciente de poderosas continuidades históricas. A primera vista parece ser un mero asunto de reconstrucciones en líneas de tiempo gracias a los hallazgos de la arqueología. En otros países, como India o Egipto, en cierto sentido México, esa continuidad histórica estuvo puesta al servicio de un discurso nacionalista en el siglo XX. No fue esta la opción que predominó en el Perú. Más bien se creó una escisión que no deja de estar presente entre del Perú ‘milenario’ y el Perú ‘moderno’ o Perú a secas. Un cambio importante en las preocupaciones y las maneras de entender nuestra realidad guarda relación con el cambio climático La trayectori a histórica peruana aparece ahora incorporando al territorio como un actor más.El manejo de los recursos naturales encuentra en el pasado prehispánico un tesoro de conocimientos que recién empieza a ser explorado. Esta manera de entendernos promete , o reclama traducciones conceptuales más afortunadas que las disponibles hasta ahora.
En las maneras de crear o de transformar las cosas en la vida diaria están las semillas para ser cultivadas conceptualmente. En este sentido, una elaboración conceptual naturalmente tiene el canon o la tradición de la disciplina respectiva. Eso no excluye que siempre las teorías más estimulantes han sido las que han respondido a las tendencias que estaban en juego en la época en que fueron formuladas. Por época no me refiero a un bloque sólido y homogéneo, susceptible de una sola definición. Más bien es la infinitud de acciones que registramos en nuestra mente de manera apenas consciente.
Presentando a Spinoza y su apuro
Los textos de Spinoza tienen la singularidad de usar una exposición conceptual firmemente deductiva casi podría decirse que fría, el modo geométrico. Sin embargo, es una preocupación por los afectos que está a la base de su indagación filosófica . En un texto juvenil, el Tratado de la Reforma del Entendimiento, señalaba que se interesó por la reflexión filosófica como una manera de salir del temor y encontrar una felicidad que le durara toda la vida, ‘infinita’.
El cuidado extremo que ponía Spinoza en la argumentación tenía por objeto alcanzar un conocimiento ‘desde el punto de vista de la eternidad’ Una de las citas más conocidas de su Ética es la siguiente:
‘El alma no concibe nada desde la perspectiva de la eternidad, sino en cuanto concibe la esencia de su cuerpo desde esa perspectiva, es decir, en cuanto es eterna; y así, en la medida que es eterna, posee el conocimiento de Dios’.
Para lo que he venido discutiendo es más apropiado otro texto de Spinoza, el Tratado Teológico Político, (TTP) que tiene un subtítulo extenso pero muy explícito Contiene varias disertaciones. En ellas se muestra no solo que la libertad de filosofar puede otorgarse sin riesgo para la piedad y la paz de la república, sino también que no es posible suprimirla sin eliminar junto con ella la paz de la república y la propia piedad. La contraparte de este detallado subtítulo es que el libro fue publicado anónimamente y con falso pie de imprenta. Aparecía como impreso en Hamburgo cuando en realidad había sido publicado en Amsterdam . Era el año 1670 y la reacción que produjo el libro fue inmediata, feroz y muy extendida. Spinoza nunca reconoció públicamente autoría del libro por un asunto elemental de supervivencia. Había antecedentes preocupantes: Uriel da Costa, miembro de la comunidad judía portuguesa de Amsterdam que sostenía tesis parecidas a la suyas, en especial que no se podía separar el alma del cuerpo, y que en consecuencia el alma era mortal. fue juzgado y expulsado por hereje. Años después fue readmitido en un proceso especialmente humillante que terminó con su suicidio . Los hermanos Adriaan y Jan Koerbagh fueron detenidos también por cuestionar la inmortalidad del alma. Adriaan era un amigo cercano de Spinoza y murió en prisión. Koerbagh era un demócrata radical y partidario de una república secular. A diferencia de Spinoza que publicó su tratado de forma anónima y en latín, Koerbagh lo publicó con su nombre y en holandés con un título que no podía pasar desapercibido ‘Un jardín de flores lleno de encantos’
El TTP es una obra audaz como pocas: polemizar con la Biblia, mostrar su carácter histórico, escribir que los profetas eran personas comunes y corrientes que además tenían una imaginación desbordante y que eso es todo, era algo más que herético incluso en las ricas comarcas de comerciantes en los Países Bajos.
A pesar de la leyenda que muestra a Spinoza como un autor desconocido y marginal y que solamente habría sido adecuadamente reconocido a fines del siglo XIX y el XX, por el contrario es el filósofo al que se dedica el artículo más extenso en la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert.
No ha sido, además, un autor ajeno a las preocupaciones del psicoanálisis. Es conocido el entusiasmo de Lacan por Spinoza, probablemente por ese pasaje del libro III de la Ética donde afirma que la esencia del hombre es el deseo . De hecho, las definiciones de los afectos al final de ese mismo capítulo son fascinantes.
Freud mismo hizo unas pocas pero significativas referencias a Spinoza: En los años 30, en respuesta a un doctor Lothar Bickel, spinozista y con simpatías por el psicoanálisis, Freud escribió:
‘Admito de buen grado mi dependencia de la doctrina spinoziana. Nunca hubo razones para que mencionara expresamente su nombre, pues concebí mis hipótesis más a partir de la atmósfera creada por él que del estudio de su obra. Por lo demás yo no buscaba una legitimación filosófica.’
Poco después, con motivo del tercer centenario de Spinoza, en 1932, Freud fue invitado a participar en un libro de homenaje al filósofo. Fred declinó porque sintió que no tenía nada interesante que decir pero agregó:
‘A lo largo de toda mi vida mantuve (tímidamente) un respeto extraordinariamente alto por la persona y los resultados del pensamiento del gran filósofo Spinoza.’
El problema
Quiero llamar la atención sobre una frase que escribe Spinoza al pasar, en el TTP como de casualidad ,pero que extrañamente rompe el tono general de la argumentación. Está discutiendo si las ceremonias religiosas contribuyen a una mejor vida personal . Enfáticamente afirma que no y agrega que su punto de vista
‘Aunque tampoco sería difícil deducirlo a partir de los principios del Nuevo Testamento y demostrarlo quizá, además con testimonios claros, prefiero no hacerlo, pues tengo prisa por abordar otros asuntos’ (cap V Por qué han sido instituidas las ceremonias y para quiénes es necesaria la fe en las historias) p. 93
¿Spinoza apurado? En la creciente bibliografía sobre esta obra este capítulo suele ser pasado por alto. El capítulo previo trata sobre la ley divina que se refiere al conocimiento y el siguiente trata de su crítica a los milagros han sido objeto de comentarios detallados, pero la parte de las ceremonias es pasada por alto. Probablemente porque quienes estudian esta obra en algunos casos puedan venir de lugares poco ceremoniosos donde eso ya no es problema. Ambos suelen concentrar la atención de los críticos. El componente retórico aunque discreto, está presente en el TTP, es decir, tampoco se trata de una obra, es decir, no se trata de una obra que tenga únicamente demostraciones, pero el apresuramiento ciertamente no es una característica spinoziana.
Ell apuro de Spinoza es que se encuentra con una dificultad en la vida social , y emocional, que desde mi punto de vista no logra resolver de manera satisfactoria.La cuestión es si en efecto puede haber una vida interior plena sin manifestaciones exteriores. Un segundo punto que me interesa tratar es hasta qué punto sería posible trazar un paralelismo entre lo que Spinoza llama ‘gente corriente’(vulgus) y ‘el lector filósofo’ con la distinción freudiana entre principio del placer y principio de realidad. Sostengo que la distinción entre ‘gente corriente’ y ‘lector filósofo’ se trata de distintas posiciones que ocupamos durante nuestras actividades. Lo veremos a partir de la distinción entre narrativa y reflexión que plantea en la segunda parte de este capítulo.
La discusión sobre la religión y la apreciación correcta de la Biblia es una parte central en la argumentación del TTP. Es importante recordar que este libro es el punto de partida para los estudios modernos de la Biblia. Para afirmar la libertad de pensamiento y de expresión era necesario distinguir lo que era propiamente religioso de lo que era la imposición de la obediencia. La estrategia y razonamiento de Spinoza es afirmar que la posibilidad de la verdadera felicidad para los seres humanos está inscrita en la mente humana y son válidas para todos los hombres. Las ceremonias, aquellas mencionadas en el Antiguo Testamento tienen un valor local y su finalidad antes que el bienestar de las personas es la de ‘afianzar y conservar el Estado’. El tono que quiere marcar el autor es el contrapunto entre lo que es hecho porque es útil para la nación y el Estado y las acciones orientadas a ‘la tranquilidad interior y verdadera felicidad individual’(p.188).
‘La felicidad y la tranquilidad de ánimo’ son mencionadas en diversos momentos como finalidad de las enseñanzas morales como opuestas a la amenaza del castigo que es hecha en función del Estado. Esta oposición es una constante en el razonamiento del autor. Las ceremonias que están en la Biblia tienen su razón de ser en la necesidad del estado y pueden caer en el olvido rápidamente si dejan de ser practicadas
Un elemento central es la oposición entre obediencia y consentimiento. La pŕimera es puramente externa y no tiene por finalidad la felicidad individual y la tranquilidad interior. En esta oposición no pareciera haber lugar para la vida en sociedad que fuera algo más que un espacio de opresión y coacciones externas. La vida en sociedad resulta fundamental por la división del trabajo y la colaboración mutua. Esta consideración es clave para entender que el ideal filosófico de Spinoza no es la vida retirada aislada del mundo. Precisamente porque le interesa la vida en sociedad, en realidad la ve como algo indispensable, es necesario un estado que garantice la libertad de pensamiento y de expresión Ni el filósofo-rey tirano ni el pensador misántropo que se aisla en una cueva en las montañas son opciones a seguir . Este camino es el que justamente marca el carácter radical de la propuesta spinoziana.
Primero veamos la manera como es descrita la sociedad:
‘La sociedad es sumamente útil e igualmente necesaria, no sólo para vivir en seguridad frente a los enemigos, sino también para tener abundancia de muchas cosas; pues a menos que los hombres quieran colaborar unos con otros les faltará arte y tiempo para sustentarse y conservarse lo mejor posible No todos en efecto tienen igual aptitud para todas las cosas, y ninguno sería capaz de conseguir lo que como simple individuo necesita ineludiblemente. A todo el mundo, repito, le faltarían fuerzas y tiempo, si cada uno debiera , por sí solo arar, sembrar, cosechar,, moler, coser, tejer y realizar otras innumerables actividades para mantener la vida por no mencionar las artes y las ciencias, que también son sumamente necesarias para el perfeccionamiento de la naturaleza humana y para su felicidad’ (p.192-193)
En este fragmento queda clara la necesidad de la vida en sociedad. Sin embargo, las personas por lo general no elaboran sus deseos, lo que podríamos llamar su capacidad de sublimación. El autor deja entrever lo que sería su visión utópica de la vida en común:
‘…si los hombres estuvieran constituidos por naturaleza de tal forma que no desearan nada, fuera de lo que la verdadera razón indica, la sociedad no necesitaría ley alguna sino que sería absolutamente suficiente enseñar a los hombres doctrinas verdaderas para que hicieran espontáneamente, y con ánimo sincero y libre lo que es verdaderamente útil.’ (p.193)
Esta convergencia del deseo, la espontaneidad y la utilidad es por así decir, la situación ideal para Spinoza . Pero la realidad es otra y aquí encontramos un razonamiento político muy importante además de una comprensión de los afectos especialmente aguda donde lo que ahora se llama ‘postergación de la gratificación ‘ es central:
La naturaleza humana está constituida de forma muy distinta; porque todos buscan su propia utilidad, mas no porque lo dicte la sana razón, sino que, las más de las veces, desean las cosas y las juzgan útiles porque se dejan arrastrar por el solo placer y por las pasiones del alma , sin tener en cuenta para nada el tiempo futuro ni otras cosas. De donde resulta que ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad y sin fuerza y, por tanto, sin leyes que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados’(p.193)
Sin embargo, de esta caracterización no se desprende una solución autoritaria porque a continuación Spinoza hace dos precisiones: que la naturaleza humana también incluye el hecho que ninguna sociedad puede ser coaccionada sin límite. La otra es que los hombres no pueden soportar servir a sus iguales y ser gobernados por ellos Delinea entonces tres características básicas de una sociedad democrática:
- La sociedad debe tener el poder en forma colegiada a fin de obedecer a sí mismos y nadie a su igual.
- Establecer leyes de modo que los hombres no sean controlados por el miedo cuanto por la esperanza de algún bien que desean con vehemencia y así ‘todo el mundo cumplirá gustoso su oficio’(p.194)
- La obediencia al que manda no tiene sentido aquí porque las leyes son sancionadas por consenso general El pueblo es libre porque no actúa por autoridad de otro sino por su propio consentimiento.(id)
Esta caracterización de una sociedad democrática es muy distinta a otras versiones de la tolerancia de la época donde la condición para el reconocimiento supone la propiedad privada y tener alguna religión (Locke), de ahí que no sea tan apropiado calificar a Spinoza como un liberal. Le acomodaría más bien la calificación de ser un demócrata radical.
Luego regresa a ocuparse de la figura de Moisés en la Biblia y la importancia de las ceremonias cuya finalidad es coartar a las personas. para que no hagan nada por decisión propia sino por mandato ajeno y que ‘dejaran constancia de que no eran autónomos sino totalmente dependientes de otro’(p.197). Las ceremonia religiosas, tanto las judías como las cristianas no son prácticas que contribuyan a la felicidad ‘o que contengan en sí alguna santidad’ (p.197). Por su carácter externo ‘aquel que vive solo no está obligado a cumplirlas’(id.)
A continuación pone un ejemplo más bien problemático: el cristiano que vive en un estado donde están prohibidas las ceremonias públicas de su religión puede prescindir de las ceremonias y vivir feliz. Es un caso extremo y que ocurrió en tiempos de Spinoza con los comerciantes holandeses que vivían en Japón Y que fue origen de discusiones en su tiempo.
Es aquí donde aparece el apuro de Spinoza.:
‘No voy a confirmarlo con otros testimonios; y aunque no sería difícil deducirlo también de los fundamentos del Nuevo testamento y probarlo quizás con testimonios claros prefiero no hacerlos pues tengo prisa por abordar otros asuntos’ (p.93)
De hecho, el apuro aparece en otra parte del TTP, el cap. 10 para indicar algunos libros de la Biblia tienen serios errores de concordancia cronológica ‘de todos modos en estos libros, a pesar de ser muy recientes y nuevos se introdujeron muchos errores debido, si no me equivoco, a las prisas de los amanuenses’ (p.180). Esta apreciación del apresuramiento como fuente del error encaja mejor en el estilo de pensamiento del autor. De manera que el apuro no es precisamente una virtud para el filósofo.
La prisa de Spinoza intriga porque no se trata de un autor que en general rehuye las dificultades, por el contrario el conjunto de su obra muestra que hay una voluntad crítica sin importar cuán escandalosas puedan ser las consecuencias.
El autor sostiene sostiene que se puede ser feliz en un estado donde no hay posibilidad de expresar en público las creencias religiosas. Puede haber una explicación ‘táctica’, en la época que Spinoza escribió esto habían sectores recalcitrantes calvinistas que se valían de esta situación para interrumpir el comercio con Japón donde en efecto las ceremonias cristianas no eran permitidas en público. Pero también se puede tratar de una dificultad real donde pueden suponerse hasta tres escenarios, dos de ellos explícitamente abordados por Spinoza y un tercero que es dejado en una cierta penunbra. El primero es la consideración de las ceremonias como algo puramente externo, la pura obediencia y donde el consentimiento no cuenta. Esta es la situación que explícitamente Spinoza discute en este capítulo y no lo vuelve a abordar en el resto de la obra.
El segundo escenario, en cierto sentido es el reverso del primero, la expresión de la fe puede ser plenamente satisfecha en el fuero interno y no es indispensable que hayan ceremonias. El tercer escenario probablemente es la fuente del apuro de Spinoza: si las enseñanzas religiosas consisten en promover la justicia y la caridad y nada más, el amor a Dios no puede ser objeto de obediencia sino consecuencia de un conocimiento correcto. Para este conocimiento la obediencia es innecesaria y contraproducente.
Pueden haber ceremonias públicas que no estén basadas únicamente en la obediencia.
Ciertas formas de carnaval, por ejemplo, pero sobretodo Spinoza parece suponer que las emociones en la vida social son esencialmente perturbadoras del razonamiento. Su interés es contraponer la ceremonia al pensador solitario: El esquema da cuenta de la oposición entre la obediencia al estado y la autonomía del individuo. Pero el tema se complejiza cuando se menciona a la ceremonia como parte de la vida social y no solamente como mandato del estado. El tema no era claro para Spinoza ni para los contemporáneos y varias generaciones siguientes. Habrá que esperar poco menos de dos siglos y medio para una problematización a fondo de las ceremonias y los afectos en la vida social con la aparición de Las formas elementales de la vida religiosa’(1912) de Durkheim. En 1670 y en Europa no habían muchos recursos para entender las ceremonias más allá de un dispositivo para la obediencia. Spinoza observa que hay ceremonias ‘en función de la sociedad en pleno’, pero no se detiene en este punto, claramente diferente de la obediencia al estado.. Probablemente ahí está la raíz del apuro.
Este ‘error’ de Spinoza, guarda relación con la parte restante del capítulo, aquella que le urge tratar La pregunta básica podría ser esta ¿Cómo se puede enseñar de manera eficaz un conjunto de ideas, de creencias de forma masiva? Señala que la narración es preferible a una serie de definiciones que solamente podrían ser entendidas por muy pocos. Mi opinión es que en esta parte Spinoza no alude necesariamente a lo que ahora llamamos niveles de instrucción sino a una distinción entre ‘los dos principios del acontecer psíquico’ el principio del placer y el principio de realidad. En general, los escritos de Spinoza de manera tajante hacen una distinción entre la gente corriente (vulgus) y los doctos. Naturalmente esta distinción la podemos asumir en un sentido literal y no habría más que discutir.
Me parece que muchos de los planteamientos spinozianos sonarían menos elitistas si en vez de una oposición entre gente corriente y doctos asumiéramos la postura de entender que se trata de dos posiciones). La inclinación por evitar el displacer y buscar el placer es inherente al funcionamiento mental en general. La realidad tiene un componente de frustración pero es también el espacio de la creación . Hay momentos en que funcionamos con mayor predominio de un principio que de otro. La importancia de la educación para vencer el principio del placer y sustituirlo por el principio de realidad.
Recordemos que para Freud hay una distinción importante entre el yo-placer que busca la realización inmediata de deseos y el yo-realidad que busca beneficios ‘un placer seguro que vendrá después’. El papel del arte es equivalente al del filósofo en cierto sentido, porque encuentra el camino de regreso de la fantasía a la realidad:
“El arte logra por un camino peculiar una reconciliación de los dos principios. El artista es originariamente un hombre que se extraña de la realidad porque no puede avenirse a esa renuncia a la satisfacción pulsional que aquella primero le exige da libre curso en la vida de la fantasía a sus deseos eróticos y de ambición. <pero él encuentra el camino de regreso desde ese mundo de fantasía a la realidad; lo hace merced a particulares dotes, plasmando sus fantasías en un nuevo tipo de realidades efectivas que los hombres reconocen como unas copias valiosas de la realidad objetiva misma.(…) Ahora bien, solo puede alcanzarlo porque otros hombres sienten la misma insatisfacción que él con esa renuncia real exigida, porque esa insatisfacción que resulta de la sustitución del principio del placer por el principio de realidad constituye a su vez un fragmento de la realidad objetiva misma.’
Aquí es donde puede ser apreciado el aspecto anticipatorio del pensamiento, cuando el deseo puede estar de regreso a la realidad y relacionarse a su vez con las insatisfacciones de los demás y así el carácter de la realidad puede ser objeto de posteriores transformaciones. El carácter anticipatorio no consiste en una predicción del futuro . La fuerza de este pensamiento es que hace posible incorporar al espacio público, al de la cultura, esta transformación de una insatisfacción en un anhelo que en algún sentido es realizable. Por este motivo los seres humanos no nos conformamos con las satisfacciones inmediatas, que no pasan de ser repeticiones intemporales. Algo insuficiente en extremo para una especie como la nuestra que tiene en el parentesco, es decir en la sucesión de generaciones un componente esencial de la realidad.
Quizás lo anterior puede servir para las diferencias en la intensidad de las ceremonias. Unas se conforman con la pura repetición, con la mera obediencia al estado o a los gobernantes. Como he mostrado incluso pueden llegar a tener pretensiones de ser modelo de pensamiento. Otras nos pueden servir para recordar que las insatisfacciones pueden siempre ser traducidas en anhelos, esas ‘palpitaciones’ ante las cuales es imposible engañarse.
Es muy importante distinguir entre el mundo de las ceremonias, que pueden ser esas que Arguedas llamaba ‘ceremoniosas’, es decir de pura obediencia, pero también las ‘honradas’ donde hay ‘palpitación’ Pero está presente también una aberración cultural que tipifico como el pensamiento ceremonial, donde la elaboración de ideas se reducen a repetir formas de cohesión existentes ahí donde es necesario un pensamiento anticipatorio que reconozca las tendencias emergentes. Esa es la atmósfera de intolerancia, sutil las más de las veces, ruidosas en algunas coyunturas, que es necesario cuestionar si nos interesa llegar a la convergencia del pensamiento y las palpitaciones.

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